SENTIR

No he encontrado nada más poderoso ni más sanador que sentir. Sentirlo absolutamente todo y con toda la intensidad posible.

Sentir con el corazón abierto de par de par.

Con el corazón hecho pedazos.

Con el corazón roto. Da igual.

Sentir para que podamos liberarnos de la prisión de la mente y del juicio, para que podamos dejar a un lado cualquier intento de control, para que podamos recuperar la conexión con nosotros mismos. Sentir para dejar de vivir anestesiados. Para decir adiós al miedo de ser quienes realmente somos.

Ser honestos con lo que sentimos es un acto de amor hacia nosotros mismos. No juzgar nuestros sentimientos y atrevernos a transitar por ellos desde el cariño y el respeto es lo único que podemos hacer para encontrar paz y sosiego, para darle sentido a todo aquello que con la mente nunca lo tuvo.

Sentir duele, es incómodo y genera un profundo alivio. Sentir tristeza, miedo, vacío, rencor o lo que sea que esté pasando en el corazón es un acto de valentía, uno de los más grandes, diría yo, y ese acto de sentir sin tapujos es el que nos abre las puertas de la transformación. Es el que nos hace fuertes, nos convierte en rocas. Nos hace humanos y compasivos, poderosos y vulnerables al mismo tiempo.

Cada vez que nos negamos a prohibir nuestros sentimientos, cada vez que mostramos interés por lo que sentimos, cada vez que llevamos nuestra mirada al corazón, con independencia de lo que allí esté ocurriendo, estamos más cerca de saber lo que es el amor.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Alex Green